13.04.2015

María Eugenia Akel: “ADN”

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María Eugenia Akel

Nací en Concepción, región del Biobío, me titulé de arquitecta en la Universidad de Chile, en 1990 comencé a dedicarme profesionalmente a la pintura, ejerciendo paralelamente como arquitecta de diseño. Desde 1995 participé en cursos y talleres de perfeccionamiento en distintas áreas de la pintura, dibujo, grabado, cursando seminarios entregados por las universidades Católica y Adolfo Ibañez en Santiago.

También realicé estudios de arte en Alemania y en España, así como talleres de artistas renombrados como Alexander Sutulov (arte digital), Pilar Domínguez (grabado), Concepción Balmes (pintura) y el maestro Eugenio Dittborn, con quien cursé el taller de Crítica de Obra durante 2 años.

Mi investigación artística actual está marcada por la interacción de diferentes disciplinas, utilizo estrategias de origen fotográfico y también pictórico. En ella se producen como resultado obras con gran contenido lírico y surrealista, donde se mezclan capas transparentes de variados orígenes, combinando escalas y proporciones, originando atmósferas especialmente oníricas.

Mi carrera como artista visual se ha desarrollado en Chile y en el extranjero. He participado en numerosas exposiciones colectivas, bipersonales e individuales, así como también en Bienales y proyectos organizados por curadores locales e internacionales, además de proyectos de autogestión.

He obtenido los siguientes reconocimientos: 4° lugar en Fotografía en la Bienal de Florencia 2009; 1er lugar en la Bienal de Buenos Aires, 2010 y 2012.

En años anteriores he sido seleccionada en varios concursos, obteniendo premios y menciones honrosas. Mis obras destacadas son: “Valparaíso y Mercado Central Santiago”, pictografía sobre tela; “La Sagrada Familia, homenaje a Gaudí”, técnica mixta sobre tela; “Pescadores y Valparaíso”, pictografía sobre tela; “Madre Luna”, pictografía sobre tela”.
También soy presidenta de MuArt, Asociación de Artistas Mujeres de Chile, Directora de World Art Games ChIle y Docente en talleres de Creación Pictórica.

Experiencia con Fundación Chilenter

Todo se transforma en la naturaleza. El material tecnológico inservible y desechado para su función original, se transforma y da origen a una obra artística. Es una gran oportunidad haber sido invitada a participar como artista en esta magnífica iniciativa, que sin duda será el ejemplo para otras empresas en el ámbito de unir arte y elementos de desecho.

Especialmente, esto es lo que me motivó a participar en este original proyecto: Transformar algo que ya no sirve para lo que fue creado -en este caso, un disipador de calor- en algo digno, una obra de arte.



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La obra: ADN

Al llegar a las bodegas de Chilenter se me abrió un inmenso mundo que no conocía, nos dijeron que podíamos seleccionar el material que quisiéramos y que nos sirviera como inspiración.

Tenía la idea de una escultura en forma de espiral, y sabía que tenía que ser una forma limpia y pura. Pero para hacer algo así necesité la ayuda de una colega escultora en metales, mi amiga Pamela Galleguillos con quien trabajé en este proyecto.

Conversamos la idea del espiral, y ella me dijo: “Deben ser no una, sino que dos espirales, así conformaremos una molécula de ADN”.

Para su realización, mandamos a hacer la base de acero, instalamos un pilar central de cobre, que fue calculado y marcado para ser perforado y cruzado por varillas de cobre que van en espiral, y en cuyos extremos se fueron fijando los disipadores de calor, quedando con la forma perfecta de una molécula de ADN: el origen de la Vida.

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